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Han pasado tres largos años desde que la policía brasileña detuviera a Marcelo Odebrecht en el marco de la investigación de la macrotrama corrupta de la petrolera estatal PETROBAS, las revelaciones que se van conociendo poco a poco no dejan de golpear abruptamente, tanto gobiernos nacionales y regionales como locales. El caso Odebrecht no es asunto trivial, ha paralizado países, sacudido economías en crecimiento, reduciendo el PIB en más de un punto porcentual; ha dejado al descubierto la opacidad en los mecanismos de adjudicación en la contratación pública y ha puesto en duda la procedencia de los fondos de las campañas de los principales dirigentes que actualmente rigen en Iberoamérica.

Pocos países se han salvado de los tentáculos de Odebrecht, siendo Perú uno de los más golpeados, puesto que los cuatro últimos ex presidentes están en entredicho a raíz de las revelaciones de los testigos cualificados del caso. Entre ellos, encontramos a un ex presidente y la ex primera dama que acaban de salir de la cárcel donde cumplían una orden de prisión preventiva por un presunto delito de lavado de activos, procedentes del presunto pago de aportes de campaña que habrían recibido de las empresas brasileñas Odebrecht y OAS en los años 2006 y 2011.

Otro ex presidente se encuentra en Estados Unidos a la espera de que las autoridades norteamericanas reciban la orden de arresto de la fiscalía peruana y puedan proceder a su extradición; en este caso, entre otros motivos, una presunta mordida de casi 20 millones de dólares de la constructora en cuestión. Respecto al tercer ex Presidente no existe ninguna prueba concreta, únicamente el conocimiento de que durante la primera mitad de su mandato, según palabras de los principales testigos del caso Odebrechet, se habrían pagado casi 10 millones de dólares en sobornos a funcionarios peruanos para ganar las principales licitaciones de infraestructura, y finalmente, hemos visto como hace unos meses tenía que dimitir el ultimo ex presidente peruano con motivo de unas presuntas labores de intermediación a la brasileña mientras formaba parte del gobierno de Alejandro Toledo.

Pero como hemos dicho se trata de un escándalo de dimensión internacional. Pocos países del entorno se salvan, según un informe del Juzgado del Distrito Este de Nueva York dado a conocer por el Departamento de Justicia norteamericano, Odebrecht llegó a pagar entre 2001 y 2016 alrededor de 800 millones de dólares en mordidas relacionadas con un centenar de proyectos en 12 países, la mayoría de Iberoamérica. La constructora brasileña llegó a institucionalizar en su estructura organizativa un departamento cuya única finalidad era repartir mordidas para adquirir contratos en la región. Además del propio Brasil, en la lista figuran Argentina, Colombia, República Dominicana, México, Ecuador, Guatemala, Perú, Venezuela, Panamá, Mozambique y Angola. Gracias a ello, se garantizaron contratos que les reportaron casi 3 mil 500 millones de dólares.

La lista de corruptos es interminable y los pormenores aún se encuentran bajo secreto de sumario, únicamente conocemos la punta del iceberg. Al menos, hay una evidencia que ha quedado clara, el caso Odebrecht ha roto todo tipo de paradigmas, nos encontramos ante una estructura corrupta generada a la sombra de un Estado que ha tratado de saquear las riquezas de sus vecinos mediante una serie de constructoras que apostaron por corromper a los candidatos presidenciables mediante la financiación de sus campañas, para posteriormente recuperar la inversión gracias a megacontratos de obras públicas amañados. Los países afectados, poco a poco, están reaccionando mediante el empuje de algunos gobernantes, a pesar de las reticencias de algunos personajes que se resisten a abandonar ese estilo de vida adictivo.

Al cierre de este artículo conocíamos que nuevamente México salta a los titulares internacionales con motivo de este escándalo. Según las últimas averiguaciones, Odebrecht supuestamente pagó 5 millones de dólares en mordidas al mismo tiempo que recibía un contrato por 72 millones de dólares por parte de Pemex. Así lo reveló una investigación de Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, en la cual se explica que, en cuestión de días, directivos de Pemex otorgaron a Odebrecht contratos sin licitación para realizar cambios en una refinería ubicada en Tula, obra plagada de irregularidades. Una vez más, el PRI se encuentra rodeado de insinuaciones relacionadas con hechos delictivos. Veremos cómo impactan estas declaraciones en una campaña que no deja de sobresaltarnos según se acerca el 1 de julio.

La corrupción debe ser un enemigo prioritario a batir, no se trata de un eslogan vacío de campaña, sino ha de ser una realidad. La tolerancia cero que se marca frente a otros males que acosan la sociedad debe ser replicable a este fenómeno que desvela las miserias más íntimas del ser humano: la codicia, la avaricia y el egoísmo. No es tarea fácil, se trata de todo un reto generacional que ha de transformar una conducta que en algunas relaciones se ha llegado a normalizar, fruto de una práctica cotidiana.

Artículo publicado en la Revista “La Nación”

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